Tus técnicos ya han visto dos apps que no funcionaron
Una que había que rellenar entera para poder cerrar el parte. Otra en una tablet que acabó en un cajón porque no se veía con el sol. Así que cuando les digas que hay una nueva, la cara que van a poner ya la conoces.
Esta página no va de convencerte a ti. Va de lo que pasa el martes a las siete y media, cuando alguien abre la app en la furgoneta.
Un martes cualquiera, de 7:45 a 18:00
Este es el día en el que la herramienta tiene que caber. No la reunión de implantación: el martes.
7:45
Sale de la nave
Hoy: Pasa por oficina a recoger los partes en papel y a que le digan a dónde va. Si falta una dirección, llamada.
Con la app: Abre la app y ve sus trabajos del día con la dirección y el equipo. No hace falta que pase por la nave.
9:20
Llega al segundo aviso
Hoy: No sabe qué se hizo la última vez en ese equipo. O llama al compañero que fue, o diagnostica desde cero.
Con la app: Consulta el histórico del equipo antes de subir. Diagnosticar sabiendo lo que pasó tarda la mitad.
11:05
Cambia una pieza que no estaba prevista
Hoy: Lo apunta en la libreta. Si la libreta se moja o el papel se pierde, esa pieza no se factura.
Con la app: La registra en el parte, en el momento. Lo que se apunta ahí llega a facturación solo.
13:40
Cuarto de máquinas, sin cobertura
Hoy: Da igual: el papel no necesita cobertura. Es lo único en lo que el papel gana.
Con la app: La app tampoco. Rellena, hace fotos y recoge la firma sin señal, y sube todo cuando sale.
16:30
El cliente quiere el justificante
Hoy: «Te lo mando cuando llegue a oficina.» A veces llega el jueves. A veces no llega.
Con la app: Firma en la pantalla y se lleva su copia al momento.
18:00
Termina
Hoy: Le quedan seis partes por pasar a limpio. Los hará el domingo por la noche, de memoria.
Con la app: Termina. Los partes se cerraron donde se hicieron.
Las tres cosas que tumban una app de campo
No son las funcionalidades. Son estas tres, y ninguna sale en un catálogo.
No hay cobertura
Cuartos de máquinas, sótanos de garaje, naves de polígono, pueblos con una raya de señal. En este oficio es la norma, no la excepción.
La app trabaja sin conexión: abre el trabajo del día, consulta el histórico, rellena el checklist, hace las fotos y recoge la firma. Cuando el móvil vuelve a tener datos, sube todo solo.
Lo que no puede hacer sin señal es descargarse un trabajo que se ha creado mientras estaba desconectado. Lo del día ya lo lleva encima al salir.
Se trabaja con guantes
Y con las manos sucias. Una interfaz de botones pequeños y menús anidados obliga a quitarse el guante veinte veces al día, y a la tercera se deja de usar.
Los objetivos táctiles son grandes y las acciones del parte están en la pantalla, no dentro de un menú. Marcar un punto del checklist es un toque, no tres.
Da el sol en la pantalla
A las dos de la tarde en una cubierta, un gris claro sobre blanco no se ve. Ahí murió la tablet del intento anterior.
Texto grande y de mucho contraste, sin grises finos en lo que hay que leer. Está pensado para leerse de un vistazo, no para lucir.
Sigue siendo una pantalla de móvil: con sol directo hay que buscar la sombra, como con cualquier otra. Pruébalo en la furgoneta antes de decidir.
Lo que no le pedimos a tu técnico
Cada una de estas es una razón por la que la anterior acabó en un cajón.
Rellenar veinte campos para cerrar un parte
Lo obligatorio es lo que de verdad hace falta para facturar y para que quede constancia. El resto se rellena si aporta algo.
Volver a la nave a entregar papeles
El parte sale desde donde se hizo. Si el último servicio le pilla a treinta kilómetros, se va a su casa.
Aprenderse nada nuevo
Si sabe mandar una foto por WhatsApp, sabe usar esto. No hay curso, no hay manual y no hay que memorizar dónde está cada cosa.
Pasar por una tienda de aplicaciones
Se abre un enlace y se pulsa instalar. Sin cuenta de Apple, sin contraseña de Google y sin pedirle a nadie que se acuerde de la suya.
Llevar un móvil de empresa
Funciona en el suyo y no le mira nada más. Si prefieres darle uno de empresa, también, pero no es un requisito.
Escribir a máquina en el móvil
Lo que se puede marcar, se marca. Lo que se puede fotografiar, se fotografía. Escribir queda para lo que de verdad hay que explicar.
Esto es lo que ve, paso a paso
Cuatro pantallas, que son las cuatro que abre en un servicio. No hay una quinta.
Ve lo que tiene, en orden
Sus trabajos del día con la hora, la dirección y el aparato. Y cuántos le quedan, que es lo primero que mira cualquiera al abrir.
No te fíes de nada de esto. Ábrela.
Está abierta ahora mismo, con datos de ejemplo. Ábrela en tu móvil, enséñasela a tu encargado y que la juzgue él en cinco minutos. Es la única forma honesta de responder a la pregunta con la que has entrado en esta página.
- 1 Abre el enlace en el móvil, con Chrome o con Safari.
- 2 Cuando el navegador ofrezca añadirla a la pantalla de inicio, acepta.
- 3 Ya está el icono. A partir de ahí se abre como cualquier otra app.
Cómo se lo presentas al equipo
Lo que funciona y lo que no, de haberlo visto hacer de las dos maneras.
Lo que funciona
- Enseñársela primero al que más protesta. Si le convence a él, el resto va detrás.
- Empezar por un tipo de trabajo, no por todos a la vez.
- Dejar el papel disponible las dos primeras semanas. Nadie lo usa, pero quita presión.
- Que el primer parte lo cierre él, no tú, y con un cliente fácil.
- Contarles qué ganan ellos: no volver a la nave y no pasar partes el domingo.
Lo que sale mal
- Anunciarlo en una reunión como «a partir del lunes, todo por aquí».
- Presentarlo como una forma de saber por dónde van. Aunque sea verdad, no es lo que se vende.
- Empezar en la semana de más trabajo del año.
- Formarlos a todos juntos en una sala. Ahí no atiende nadie.
- Dejar que lo configure alguien que nunca ha hecho un parte.
Lo que preguntan los técnicos
¿Lo vemos con tu equipo delante?
La demo se puede hacer con tu encargado en la sala. Es más incómodo para mí y mucho más útil para ti: si a él no le convence, mejor saberlo ahora.

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