Oficina
Una sesión de hora y media
- Dar de alta clientes, instalaciones y equipos
- Planificar la semana y repartir trabajos
- Consultar el histórico cuando llame un cliente
- Cerrar el círculo: del parte a la factura
Cambiar de sistema da más miedo que pagarlo. Aquí está el proceso entero, con quién hace cada cosa y cuánto suele durar, para que sepas en qué te estás metiendo antes de meterte.
Al final de todo esto
Mira la columna de la derecha antes que nada: es la que dice cuánto de esto te toca a ti.
Una sesión de una hora
Qué partes usáis, cómo entran los avisos, qué revisáis y con qué periodicidad, qué pasa cuando alguien coge la baja. Antes de tocar nada, porque configurar sobre lo que yo me imagine que hacéis es la forma clásica de tener que rehacerlo.
Lo hago yoPreguntar, tomar nota y decirte con franqueza si algo no encaja.
Te toca a tiContármelo. Ni preparar documentación ni ordenar nada antes.
Unos días, sin que tengáis que estar
Los tipos de equipo con su checklist, las periodicidades de vuestros contratos, los roles y quién ve qué. Sale con vuestro vocabulario, no con el mío: si a un aparato lo llamáis por su número de RAE, se llama así en la ficha.
Lo hago yoTodo. Es la parte más larga y no os afecta.
Te toca a tiNada. Como mucho, resolver una duda por WhatsApp.
En paralelo con lo anterior
Clientes, instalaciones y equipos, a partir de lo que ya tengas: un Excel, otro programa o una carpeta de contratos. Es la parte que más miedo da y la que menos trabajo tuyo lleva.
Lo hago yoPreparar y cargar los datos, y enseñarte el resultado para que lo revises.
Te toca a tiPasarme el archivo y decirme qué está desactualizado. Eso lo sabes tú.
Dos sesiones, y a trabajar
Una sesión con oficina y otra con los técnicos. A partir de ahí se empieza por un tipo de trabajo, no por todos a la vez, y el papel sigue disponible las dos primeras semanas aunque no lo use nadie.
Lo hago yoLas dos sesiones, y estar disponible las primeras semanas.
Te toca a tiElegir por qué tipo de trabajo empezáis y decírselo al equipo tú, no yo.
Es lo que más frena a la hora de cambiar, y con razón. Así que en vez de decirte «no te preocupes», aquí está lo que se hace de verdad.
Clientes, instalaciones y equipos, con su estructura real. Es lo que hace que el sistema tenga sentido desde el primer día.
Si tienes histórico de intervenciones en un Excel o en otro programa, se puede cargar. No siempre entero, pero sí lo que esté ordenado.
No vamos a digitalizar diez años de carpetas y prometer que están todas. Se guarda como está, y a partir del primer día todo lo nuevo queda registrado.
Si el histórico de una instalación está en la cabeza del técnico que lleva quince años, eso no lo carga nadie. Lo que sí se puede es empezar a escribirlo desde ya.
Oficina y técnicos no necesitan saber lo mismo, y juntarlos en una sala hace que no atienda ninguno de los dos.
Una sesión de hora y media
Media hora, y sobra
Nadie cambia de sistema sin fricción. Prometer una transición perfecta es la forma más rápida de quedar mal en la semana dos, así que mejor decirlo ahora.
Siempre aparece uno que no estaba en la lista inicial. Se añade en cinco minutos y no se cobra: es parte de la puesta en marcha, no un extra.
Y no pasa nada. Suele durar dos semanas. Lo que no funciona es prohibirlo el primer día.
Es normal: hay que buscar dónde está cada cosa. A partir del quinto ya va más rápido, y desde el primero deja de haber que pasarlo a limpio.
Se ve en cuanto se usa de verdad. Los ajustes de las primeras semanas están contados dentro de la puesta en marcha.
Lo dejas. No hay permanencia y te llevas tus datos. Prefiero eso a un cliente que sigue pagando algo que no usa.
Cuéntame cómo trabajáis hoy y te digo qué haría falta, cuánto tardaríamos y si te compensa. Sin compromiso y sin que nadie te persiga después.